Soneto I
La luz que ardió en la altura repentina
-salitre, espuma, mar, arena y playa-
lo dice en un susurro cuando calla
-arena y mar, espuma peregrina-:
no puede, desgarrando la cortina,
rayar esa belleza en la que raya
la luz, sin convertirse en atalaya
del agua de los mares asesina.
Lo saben los caireles, la mañana,
la luz del alba viva que despierta,
que besa lentamente su bostezo.
También al marinero abre la puerta
del verso celebrado a hora temprana,
si es aire la alborada de su rezo.
-salitre, espuma, mar, arena y playa-
lo dice en un susurro cuando calla
-arena y mar, espuma peregrina-:
no puede, desgarrando la cortina,
rayar esa belleza en la que raya
la luz, sin convertirse en atalaya
del agua de los mares asesina.
Lo saben los caireles, la mañana,
la luz del alba viva que despierta,
que besa lentamente su bostezo.
También al marinero abre la puerta
del verso celebrado a hora temprana,
si es aire la alborada de su rezo.
2025 © José Ramón Muñiz Álvarez




