jueves, 2 de abril de 2026

ALBORADA EN CANDÁS (5)



Y sabe a despedida

Y sabe a despedida ese paisaje que sabe que nos sabe a despedida. Y sabe que nos sabe a despedida: nos sabe a despedida la mañana, nos sabe a despedida el aguacero, nos sabe a despedida ese septiembre que vino despidiendo, con su abrazo, la gracia de un verano moribundo.
Y sé que todo sabe a despedida, que sabe el tiempo mismo a despedida, si no lo sabe el aire, al respirarlo, la voz de su salitre, la mañana -tan gris como los llantos de la tarde, tan gris como el crepúsculo, si llueve-. Y cerca de ese mar que habla rugiendo, me sabe a despedida, en las alturas, el cielo, ayer azul, como los cielos que mira el campesino castellano. La dársena del puerto, entre bocales, lamiendo la tristeza, relamiéndose con versos tristes y ecos de dureza -los hay donde la lluvia no nos falta-, también nos saben hoy a despedida. Yo sé que todo sabe a despedida:
Y todo sabe, al fin, a despedida: la Almena, los morriones y los bloques, la arena, el castillete, la escalera, tal vez cada verdín sobre la piedra, las lanchas que se mecen y las olas, las olas que las mecen agitadas, pues hoy hay mar picada y no echa el freno la furia que domina las mareas.
Y sabe a despedida ese paisaje que sabe que nos sabe a despedida. Y sabe que nos sabe a despedida: nos sabe a despedida la mañana, nos sabe a despedida el aguacero, nos sabe a despedida ese septiembre que vino despidiendo, con su abrazo, la gracia de un verano moribundo.

2025 © José Ramón Muñiz Álvarez





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