Soneto II
La furia que una madre enajenada
despecha ante la costa en la osadía
diréis que pudo ser, en la porfía,
rompiendo ante el pedrero encabritada.
Me sabe todo a grito y marejada,
galerna que se enciende y que, bravía,
se encrespa con no poca gallardía
como una voz que ruge alborotada.
Y digo que es hermoso ese paisaje
-salitre, espuma, mar, playa y arena-,
y el viaje digo bello en la aventura.
Y es bello contemplar desde la Almena
los bríos que, encendiendo su coraje,
se amansan como el río que murmura.
2025 © José Ramón Muñiz Álvarez

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